producto de leche

Nick the Greek / El Griego Nick

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Nick the Greek

Sometimes childhood recollection seems stronger than present experience. I know this sounds all very Proustian, only for me today, it is not the smell of steaming madeleines, but rather the tart astringency of my mother’s yoghurt. Mum learnt it from the Greeks. At 25 she was on a ship to Athens via North Africa. Fortunately she turned down the marriage proposal of Nick, the Greek soccer player she met on her way or else this story, as much as its author, would never have come into fruition.

I learnt how to prepare it, and also how the Greeks prepared it. Apparently, every household had a pot that was left at the front doorstep overnight. In the early hours of the morning the milk man would come past each door and fill the pot. By breakfast time, it would be ready for the family to haul into the kitchen from the hot Mediterranean sun.

I could tell by Mum’s tone that she wished we had a milk man to fill our yoghurt pot, as in Greece. I guess she made her own yoghurt out of a frustration with the gelatinous farce that was 1980’s shop bought Australian yoghurt.

I’d drag one of the wooden chairs, with intricate wood carvings in recession, across the wooden floor to the kitchen bench top that overlooked our jungly garden. Climbing the chair to add to my 5 year old height, I’d soon be by Mum’s side as she prepared the milk. She would boil, mix and finally pour it into her brown earthenware yoghurt pot.

In the scorched summer mornings Mum would place the pot, brimming with milk, out on a wooden chair under the sun, wrapped in a tea-towel, to incubate. By dinner time, after a few hours of refrigeration, we would cup our own cool bowl filled with it, scooping it into our mouths as it swum in the mahogany juice of  home stewed plums.

Today, I echoed my mother’s frustrations for shop bought yoghurt. It’s sitting by my window garden now, waiting to incubate while I write at the library. Though ironically, given the Melbourne weather, it’s started to rain.

Oh! For a Mediterranean sun!

*

El Griego Nick

Se que esto puede sonar muy Prusiano, pero algunas veces los recuerdos de la infancia parecen más fuertes que las experiencias del presente. Para mi, hoy no estuvo presente el aroma de las magdalenas al vapor, pero si la fragancia de la tarta astringente del yogurt de mi madre.  Ella lo aprendio de los griegos  cuando tenia 25 años de edad y mientras viajaba por barco desde Africa del Norte rumbo a Atenas.  Afortunadamente rechazό la propuesta de matrimonio de Nick; el futbolista griego que conocio durante su trayecto, de lo contrario esta historia junto con su autora nunca hubiesen sido posibles.

Aprendi a como prepararlo y tambien como los griegos lo preparaban: Aparentemente cada hogar dejaba un recipiente en la entrada de la casa durante la noche, que luego muy temprano en la mañana, el lechero pasaba de puerta en puerta llenandos. A la hora del desayuno, el Yogurt ya estaba al punto debido al calor mediterraneo, asi que esta vasija podia ser  arrastratrada hacia la cocina para la familia.

Por el tono de mi madre deducì que ella deseaba que nuestro yogurt fuese como en Grecia.   Y creo que apartir de su frustracion por la gelatina artificial disponible en las tiendas de los 80’s que dio origen al yogurt australiano, ella empezo a preparar su propio yogurt.

Yo arrastraba una silla de madera, con grabados intrincados en el espaldar, atravez del piso tambien hecho de madera, para ubicarla junto al meson de la cosina que tenía vista hacia nuestro jardin selvatico, al treparme a esta silla ganaba más altura de la normal a mis 5 años de edad, de esta manera podia estar a su lado mientras preparaba nuestro yogurt.  En el proceso ella hervia, mesclaba y finalmente vaciaba la leche en una olla de terracota oscura destinada para el yogurt.

Durante las mañanas calurosas de verano, mi madre sacaba  al sol este recipiente rebosante de leche, previamente envuelto en un paño y sobre una silla de madera para que se aliñara. A la hora de la cena y despues de algunas horas de refrigeracion, ya podiamos llenar nuestras tazas con el producto final, el cual lo degustabamos al mezclarlo con el jugo caoba de los duraznos guisados en casa.

Hoy repreti la frustracion de mi madre por el yogurt comprado en la tienda. Por eso ahora mi propio producto esta reposando en el jardin de la ventana para que se aliñe, mientras estoy en la biblioteca escriendo. Ironicamente pienso en el clima de Melbourne porque ya empezo a llover.

Opa! Por un sol mediterraneo!

Translated by Fabian Rodriguez

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